viernes, 20 de diciembre de 2013

Lluvia de tiros al arco



    











© N. Scafiezzo
Niños miran un partido en la nueva plaza de Casavalle
En 1959, el gobierno de turno construyó 216 viviendas en Casavalle. El objetivo era alojar a las familias de emigrantes rurales que poblaban los asentamientos irregulares de la capital. El plan era provisorio, pero allí quedaron hasta hoy, los que sobrevivieron.


El complejo de viviendas se convirtió en Los Palomares. Se multiplicaron las construcciones irregulares y la violencia arrasó con las noches. Salir a la calle después del atardecer se convirtió en una quijotada. Entre 1996 y 2004, Montevideo perdió el 1% de sus habitantes. En ese período, la población de Casavalle creció 56% y se convirtió en una trinchera de inseguridad y pobreza.

Pero algo empezó a cambiar, sobre todo para los más chiquitos. El 10 de diciembre, el Ministerio del Interior inauguró una comisaría frente a Los Palomares y el Municipio D, junto a la Intendencia de Montevideo, una plaza que cambió la cara y la noche del barrio. Los vecinos tienen ahora un lugar para tomar mate; los niños, un espacio para compartir; y los futboleros, luces para intentar meter goles hasta la madrugada.

“Esto era una porquería”, cuenta Carlos, un adolescente que ahora pasa las noches en la plaza, pateando lunas. En el lugar donde hoy está la plaza con canchas de fútbol y básquetbol, con cientos de vecinos que matean y niñas que juegan al fútbol, antes había un descampado con hamacas y toboganes ruinosos.

En el marco del programa Pelota al Medio a la Esperanza, jóvenes de muchos barrios de Montevideo, jugadores de la selección uruguaya sub 17 y Álvaro “Tata” González se acercaron ayer a la plaza para compartir la alegría del cambio con los vecinos. Jugaron al fútbol, obvio. Los gurises del barrio juegan todo el día al fútbol en las canchitas nuevas. Y, cuando juegan al fútbol, no piensan en otras cosas.

El capitán de la selección sub 17, Fabricio Buschiazzo, destacó que “la plaza está bárbara porque el deporte pasa a ser lo principal”. El volante de la selección mayor, “El Tata”, dijo a El Observador que “el deporte puede llegar a lograr cosas importantes”.

“El Tata” no se refería a traer de Brasil la copa del mundo. Se refería a algo más importante. Unos 200 ó 300 niños, adolescentes y jóvenes que hasta el mes pasado correteaban por los pasillos oscuros de Los Palomares, entre narcos y balas, tienen ahora un espacio para jugar, arcos para meter goles y luz para driblear rivales hasta que el cansancio diga basta. “El cambio es contundente”, asegura la alcaldesa del municipio, Sandra Nedov.

Miriam Ranzone es una vecina que, para distraerse con su hijo, iba en auto con su esposo hasta El Cilindro. Ahora camina un par de cuadras y ve pasar las horas en un espacio limpio, lleno de niños que ríen y se pelean a la luz del día o de los focos. Y lo hacen, sin darse cuenta, o quizá sí, acompañados por policías comunitarios, que recorren la plaza y devuelven la pelota cuando algún patadura la manda lejos.

“Esperemos que lo cuiden, porque el barrio necesitaba algo así”, comenta Miriam. Además de policías comunitarios y de una comisaría frente a la plaza, hay ocho cámaras de seguridad que vigilan la zona.

Anoche Marquitos metió un golazo. Desbordó por la punta y la metió contra el palo. Tiene cuatro años y una alegría como la de Abreu cuando picó el penal.

Casavalle en cifras

62%
Es el índice de pobreza de los habitantes de Casavalle. En el resto de los barrios montevideanos el índice es de 30%.

80%
Es la porcentaje de menores de edad que viven en Casavalle en una familia con bajo nivel educativo.

25%
Es el porcentaje de jóvenes de entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan. En el resto de la ciudad es de 10%.

19%
Es la población del barrio que recibe ayuda alimentaria.

Fuente: El Observador

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